El alcoholismo es una enfermedad que afecta muy directamente a madres solteras y madres solas. En madres solteras adolescentes y aún en madres adultas que tienen que vivir con su familia por falta de medios económicos, el alcoholismo familiar, sea en el padre o la madre, o en ambos a la vez, es un drama del cual muy a menudo no pueden escapar. Ellas y sus hijos viven una violencia doméstica que se transmite generación tras generación. La adicción al alcohol también es un riesgo  en la persona de la madre soltera, para aplacar su sentimiento de culpa y como una forma de evasión de sus múltiples problemas.

Pedimos encarecidamente a las madres que no se oculten tras el alcohol y otras drogas. El alcohol no es una solución, es un problema. El alcohol no representa una evasión, sino crearse un deterioro mental, físico, familiar y personal de grandes magnitudes. Si no te sientes con fuerzas, pide ayuda al médico, para que te diagnostique y cuide de ti. No esperes a ser dependiente total del alcohol. Tú vales mucho más que esa mierda etílica que no cura nada y lo destruye todo, en especial a ti y a tus hijos. ¡A ellos no, por favor!

Planta trepadora, cuyo fruto es la uva.

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Cinco ideas clave

1. “Una de las características más habituales en el alcoholismo femenino es su ocultismo, fruto en muchas ocasiones de un gran sentimiento de culpa. Esta forma de beber en la clandestinidad por parte de las mujeres evidencia la necesidad de diagnosticar precozmente las conductas de riesgo que pueden conducir a la dependencia, pues una vez instaurada ésta, es más difícil el abordaje del problema del alcoholismo.”

2. “Las mujeres suelen desarrollar también una dependencia hacia otras personas, llevándolas a ocuparse de los demás, pensando que de este modo evitan estar solas.”

3. “Por lo general la mujer alcohólica no obtiene el apoyo de su pareja cuando intenta ponerse en tratamiento, y son pocos los hombres que acompañan a sus mujeres en el proceso de rehabilitación.”

4. “Sin embargo, las mujeres acuden a la consulta presionadas por otros familiares como pueden ser madres, hermanas o hijas mayores que desempeñan un papel importante en la toma de decisiones.”

5. “Conclusiones. La percepción social del alcoholismo femenino, a diferencia del alcoholismo de los hombres, explica en parte aspectos del perfil adictivo de la mujer alcohólica. Por tanto es necesario seguir investigando las características de tipo social en razón del género de la persona, como factores influyentes en la manifestación de la conducta adictiva.”

Alcoholismo

En el transcurso de los años, el concepto de alcoholismo concebido como un “vicio” ha ido cambiando lo mismo en el ámbito social que en la comunidad médica. El concepto de vicio está superado por los científicos, pero no excluido de la sociedad.

En 2006 se publicó un estudio elaborado por la Universidad de Valencia, en el cual se subraya que en los últimos 20 años en España ha aumentado el número de mujeres alcohólicas con relación a los hombres, así como ha disminuido la edad de inicio al consumo.

Perfil: mujer entre 35 y 50 años, con una media de 10 años transcurridos entre la edad que empezaron los problemas y la llegada al centro de rehabilitación o tratamiento, lo que indica un ocultamiento que impide la detección precoz del problema.

El maltrato también se incluye en el perfil de la mujer alcohólica. La situación de maltrato la viven lo mismo las propias usuarias como las que acuden acompañando a sus parejas.

En las familias que viven situaciones de violencia, la incidencia del alcoholismo se sitúa entre un 50% y un 70%.

Las mujeres, según los expertos, beben en secreto y en solitario y han vivido años de gran aislamiento social. “Normalmente te llegan porque los hijos ya mayores se plantan y la delatan y la traen al tratamiento… en general lo ocultan bastante más que el hombre… yo creo que necesitan un plus más de esfuerzo o valentía que pueda tener un hombre”, señala  un profesional.

Elizabeth Ettorre, en su libro Mujeres y alcohol, se expresa así: «A las mujeres que somos alcohólicas, muy a menudo, se nos pone entre la espada y la pared. Si bebemos se nos ve como personas débiles emocionalmente, pero, cuando lo dejamos, muchas empezamos a hacernos fuertes, desarrollamos nuestra fuerza como mujeres. Pero una mujer fuerte no se ajusta a la norma. Por eso, a menudo, en la recuperación nos encontramos como cuando empezamos, con una etiqueta negativa. Esta etiqueta ya no es la de mujer alcohólica, sino la de mujer fuerte».

El reto consiste en detectar el problema precozmente para evitar la dependencia. La permisividad social es tan importante que hasta que no se traspasa la barrera de lo patológico no se advierte claramente la dependencia del alcohol.

Luchar contra un gigante no es cosa de quijotes, sino de personas como tú y yo.

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Rehabilitación e inserción

Los programas de rehabilitación y posterior reinserción no son idénticos para hombres y mujeres. Cuando estas personas tienen que normalizar su vida, ser alcohólica mujer es más grave que ser alcohólico hombre, señala un experto. “La mujer que es atendida dentro del ámbito del alcoholismo puede tener muchas más necesidades y carencias que requieran la intervención de otros profesionales.” La ausencia de coordinación entre servicios de salud y servicios sociales no permite tratar a los alcohólicos en todas sus necesidades, sino de manera segmentada. Por otra parte, en los centros médicos y en los centros sociosanitarios los consumidores de drogas ilegales absorben gran parte de la atención de los profesionales. Expertos opinan que deberían crearse unidades específicas de alcohólicos, al margen de otras sustancias, y en ellas tratar por separado a las mujeres. Las respuestas asistenciales se dirigen de forma prioritaria a toxicómanos de sustancias ilegales y varones.

“Los profesionales que tratan a las mujeres alcohólicas saben que la familia no colabora en muchos de los casos, y también saben que pueden existir relaciones violentas en la pareja que se van a mantener ocultas durante el proceso de tratamiento, porque ni siquiera en esa situación la mujer podrá desprenderse del temor a desvelar la auténtica relación con su pareja. El vínculo establecido y la dependencia hacia el hombre, junto con el miedo al poder y a la fuerza de éste, generan esas actitudes de ocultismo de la realidad”, se señala en el mencionado estudio.

“…Hay que andar con muchísimo cuidado… Tienes a alguien delante que no sabes cómo va a reaccionar con esa persona que está intentando rehabilitarse… El problema de la mujer alcohólica con problemas de malos tratos… Me encuentro con que ahí hay algo que no funciona, que no estamos atendiendo bien, que no estamos ofreciendo la ayuda que necesitan, que estamos a veces dejando muy desamparadas a algunas mujeres”, declara otro profesional.

“Dentro de una red asistencial, no especializada en la atención a la mujer, este tipo de problema puede pasar desapercibido, a menos que la sensibilidad de los profesionales y su interés por un trabajo bien hecho detecte estas situaciones y las trabaje desde el punto de vista terapéutico de manera adecuada. De lo contrario algunas intervenciones podrían resultar más perjudiciales que beneficiosas.”

Cuando la mujer ha sufrido abusos sexuales o malos tratos encuentra alivio en el alcohol y una salida a su situación:

  • «…Solamente vivía para él, pero él me destruyó… Empezó a hacerme beber porque decía que me volvía muy divertida…»
  • «… No recuerdo tener adicción al alcohol, todo era normal hasta los 22 años en que conozco a un señor vividor de la noche…».
  • «…Actualmente comparto mi vida con […] el cual comparte mi devoción por el alcohol… La única persona que me proporciona afecto y se preocupa por mí…»

Conclusiones

“Cuando la familia se siente agotada y piensa que los intentos de ayuda son infructuosos, suelen romper las relaciones con la mujer sumida en el alcohol, lo cual le produce un doble efecto, ya que además de enfrentarse sola a su problema queda de algún modo marcada, justamente por el hecho de estar sola.”

“El proceso de deterioro no pasa desapercibido para ninguna mujer, ni mientras está bebiendo, ni cuando ha dejado de beber. En el primero de los casos su nivel de autocrítica es tan bajo y su deseo de alcohol tan elevado, que no le permite reflexionar y actuar en consecuencia. En el segundo supuesto, recuerda la degradación a la que había llegado y lo utiliza como instrumento o como freno para mantenerse en abstinencia. En ambas etapas de su vida la mujer habla de sí misma con desprecio, pero en realidad lo que en el fondo desprecia no es a sí misma, sino el alcohol y lo que éste consiguió hacer con su vida.”

“Por tanto, en el abordaje del alcoholismo femenino se requiere un tipo de atención específica, y es necesario seguir investigando en las características de tipo social en razón del género de la persona como factores influyentes en la manifestación de la conducta adictiva.”

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org