Pedófilos, pederastas ¿quiénes son? En el 90% de los casos hombres y más del 80% conocidos de la víctima. Son personas que sienten atracción sexual hacia niños, niñas y adolescentes y los utilizan para obtener satisfacción sexual. Recurren a la manipulación emocional para someter a la víctima: chantaje, engaños, amenazas y violencia.

En menor proporción, también existe el abuso de persona de género mujer hacia una niña o un niño. Puede ser la madre, una cuidadora o una empleada doméstica.

Atrévete a denunciar los abusos.

Las madres solteras a menudo han estado abusadas sexualmente. Sus hijos también lo pueden estar. De aquí la importancia de tener buena información sobre quienes acostumbran a ser los abusadores, como prevenir el abuso, qué hacer cuando se detecta un abuso, ayuda a la víctima, denuncia ante el juzgado y secuelas que deja el abuso.

Qué es el abuso sexual

Es una imposición de tipo sexual a un niño por un adulto o persona de mayor edad. Consiste en mostrar o tocar genitales, penetración, hacerle observar actitudes sexuales, manipulación del menor con fines pornográficos, etc.

Quién es el violador

Los abusos sexuales infantiles generalmente ocurren durante largo tiempo.

El violador es una persona de apariencia normal, a menudo demuestra sólidas convicciones religiosas y morales. Generalmente forma parte de la familia o de su entorno y se ha ganado, según sea el caso, la confianza de la familia y del niño. Niega con rotundidad que haya abusado y cuando lo reconoce da excusas como: “no fue nada grave”, “no le hice daño”, “los niños no sienten”, “fue culpa suya”. Los abusos sexuales acostumbran a durar largo tiempo. Normalmente no son sucesos aislados. Los delincuentes sexuales siempre reinciden y repiten sus abusos. De ahí la importancia de una intervención judicial y un tratamiento psicológico.

El mayor número de abusos se dan en la casa, en el hogar. En el ámbito familiar, la persona que comete abuso suele ser: padre, madre, abuelos, primos, tíos, hermanos, padrastro o pareja de mamá. La víctima siente hacia ellos afecto y lealtad y es gracias a estos lazos afectivos que el abusador chantajea al menor bajo amenaza de que si revela el abuso desatará una crisis familiar: “si lo cuentas, a mi me llevarán a la cárcel” o “si mamá se entera tendrá un gran disgusto” “no lo cuentes a nadie, porque yo te quiero mucho y no lo van a entender”. La confusión entre “te quiero pero al mismo tiempo abuso de ti” desata en el niño un fuerte sentido de culpabilidad que le conduce a encubrir al abusador.

Cómo darse cuenta

Las agresiones sexuales son difíciles de descubrir. El menor se siente intimidado y no lo cuenta. ¿Qué pueden hacer los padres?

Ante todo, desde la más tierna infancia mantener una buena relación de confianza, que el niño esté habituado a contar lo que le pasa. Si comenta algo que le hace sufrir, no responderle con frases como: “es que actuaste mal”, “yo a tu edad…”, “algo habrás hecho mal”. Estas expresiones inhiben la comunicación, el niño se siente rechazado.

Si éste percibe que, después de una confesión de abuso sexual, no le van a creer (dirán que se lo inventa, le pedirán que se calle o va a recibir una regañina), el niño ocultará para siempre su problema.

Muchos niños y niñas no hablan porque temen que si cuentan no les van a creer o les van a culpar.

Tenemos que aprender a escuchar e interpretar los mensajes que nos transmiten nuestros hijos. Ellos cuentan sus experiencias con su propio lenguaje. A menudo no tienen palabras para expresar una agresión física de este tipo. Debemos apoyarles expresando comprensión, decirles “sé lo que sientes; te voy a ayudar”. Evitar que se sientan responsables de aquellas acciones. No forzarles a explicar más de lo que cuentan. No mostrar irritación ni perder los nervios en su presencia. Contribuiríamos a hacerles sentir más culpables. Es una fase de enorme tensión en la familia de la víctima. Un abuso sexual se tiene que denunciar, pero existen aún muchas prevenciones.

Consecuencias del abuso sexual intrafamiliar

Físicos: embarazo, dolores al orinar, irritaciones e infecciones genitales.

Psíquicos: depresión, pérdida de apetito, disminución del rendimiento escolar, rabia.

En los adolescentes: miedo a estar solos, frecuentes peleas con la familia, incapacidad de sostener la mirada, cambios drásticos de humor, abuso de alcohol y drogas.

El impacto que recibe la víctima es distinto si el abusador es un extraño o es un miembro de la familia. Los efectos también son distintos si el abuso se da una sola vez o si se prolonga durante un largo período de tiempo.

Si una persona de la familia tiene indicios o sabe a ciencia cierta que un niño o una niña sufren abusos, y no lo denuncia, se hace cómplice del violador. A veces resulta difícil de comprender que un padre o un abuelo sean abusadores, pero tienen que prevalecer los derechos del niño.

Que los delitos por abusos no prescriban tan rápidamente.

Denunciar y reparar el daño sufrido

En caso de sospecha, vaya al hospital para un reconocimiento o a su pediatra, consulte a un abogado o ponga una denuncia en el juzgado. El psicólogo también tendrá que intervenir; se tratada de garantizar la recuperación emocional del niño Entretanto, hay que proteger al menor del abusador. No permitir que se queden solos. Que el menor sepa que no le va a suceder nada malo. La denuncia ante el juzgado es lo razonable, pero muchos padres temen que en el proceso judicial el menor o la menor revivan sus sufrimientos. Temen también que si sale a la luz un hecho de estas características la honorabilidad de la familia y el menor queden en entredicho. Tampoco existe mucha credibilidad en la justicia, por su lentitud, por los reconocimientos humillantes y las declaraciones a que a veces se ve obligada la víctima. Y es más, ¡cuántas veces el abusador sale exculpado! Los jueces y las leyes no tienen demasiada sensibilidad con las víctimas. Sólo las asociaciones de personas abusadas y la lucha de las familias que han sufrido abuso en su seno pueden lograr que se aprueben leyes reparadoras de daños a niños y adolescentes y que se endurezcan las penas a los abusadores infantiles.

Hay que lograr que los delitos por abusos no prescriban, que el juez no diga “según la ley, ha pasado mucho tiempo y ya no tiene derecho a denunciar”. Y que las leyes se apliquen cuando las haya. Existe el derecho de denunciar a un violador al cabo de los años. Sólo cuando la víctima es capaz de explicar su sufrimiento (con denuncia o sin denuncia) puede comenzar la curación.

Por el bien de la persona violada y abusada, hay que denunciar. El abusador no debe quedar indemne, campando a sus anchas. Si un padre es violador de su hija, no pueden convivir juntos, ni tener derecho a un régimen de visitas en caso de separación o divorcio. Hay que luchar por los hijos.

Prevención

Todo abuso sexual es una violación al cuerpo, a los límites y a la confianza.

Desde pequeño el niño tiene que conocer su cuerpo, incluidas sus partes más íntimas. No dar más importancia a unas que a otras, pero la sexualidad es un conocimiento obligado. Ahora bien, deber estar advertido que si alguien le dice cosas o le hace tocamientos levantándole o quitándole sus ropas que le hacen estar incómodo, que lo cuente a mamá.

Educamos al niño para que sea amable con todo el mundo, pero esto no excluye que le pongamos sobre aviso cuando alguien se sobrepasa. Si no tiene edad para decir NO, al menos que sepa en quien confiar.

Enlaces relacionados: Ojo con el abuso sexual. Colombia Aprende (portal educativo del Ministerio de Educación Nacional).

Abuso Sexual Infantil e Incesto Paterno/Materno Filial. Abuso Sexual Infantil NO. Argentina