Transcripción del artículo publicado en la sección blogs del digital Público con fecha 19 de julio de 2010.

En el nombre de Dios

Por Joan Garí

El debate del aborto parece no acabar nunca. Aunque las filas de la derecha no sólo se nutren de integristas religiosos, esa minoría es poderosa y tiene potentes altavoces. Se llaman a sí mismos “provida”. Consideran vida a esas células palpitantes cuyo decurso morfológico es interrumpido por el aborto. Ese debate, por supuesto, es inacabable (y un poco tedioso). Es curioso, sin embargo, que un amasijo de células deba tener prioridad sobre la existencia concreta y palpable de la madre que las alberga. La madre, con su cuerpo vivo, con su vida formada y en pleno ejercicio, con sus propios e inalienables derechos vitales. Pero los “provida” se refieren sólo a la “vida” en embrión, como si el cuerpo de la madre fuera un cadáver, o un mero receptáculo (sagrado, eso sí) destinado a albergar –qué honor- al pequeño feto.

La religión, por supuesto, lo envenena todo. Algún oscuro mandato divino exige que se le rinda pleitesía al nasciturus por encima de cualquier circunstancia. En las comunidades autónomas, los gobiernos papistas –digo peperos- intentarán convencer a las mujeres para que culminen sus embarazos. Pues muy bien, pero lo único democráticamente honesto, en este campo, sería dejar que cada mujer decida libre y objetivamente. El Dios de aquí dice que el aborto es un asesinato, pero en Irán –y en medio mundo islámico- el de allí exige ajusticiar a las adúlteras. Es la misma lógica. ¿Y quién sabe lo que opina realmente ese tal Dios? Debería existir, aunque sólo fuera un minuto, para darles su merecido a tantos fanáticos y a todos los crímenes que cometen en su maltrecho nombre.

Calendula
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