Emma y Abi Moore son dos madres gemelas británicas de 38 años que en 2008 crearon PinkStinks (El rosa huele mal), una campaña para que disminuya el color rosa que impera en la oferta infantil para niñas. El problema, dicen, es que la omnipresencia del color rosa limita sus aspiraciones, además de que ellas no siempre quieren ser princesas.

‘Hay como una señal cultural que dice: esto es para niñas, esto es lo que es ser una niña; ese es el mensaje que consideramos realmente perjudicial’, dice Emma Moore, que tiene dos hijas de tres y siete años”, informa el diario digital El Mercurio, de Chile. Desde hace 15 años el rosa invade todos los ámbitos de la vida de las niñas, prácticamente desde la cuna.

Campaña para desafiar la cultura del rosado, basada en la belleza por encima de la inteligencia.

Campaña para desafiar la cultura del rosado, basada en la belleza por encima de la inteligencia.

La campaña ha generado polémica en el Reino Unido, donde un periódico calificó a las hermanas Moore de “feministas severas y sin sentido del humor”.  Emma se defiende: “Lo único que quiero es que mis hijas crezcan contentas con ellas mismas, pero también ambiciosas para ellas mismas, no obsesionadas sobre cómo les queda lo que llevan puesto y con la idea de que la única manera de ser feliz es ser rica y estar casada con un futbolista”.

Presencia del color rosa

Emma y Abi denuncian el marketing dirigido a los niños. Según ellas, la obsesión por el rosa abarca desde la moda a la televisión o Internet, pasando por los juguetes.

“Basta con entrar en cualquier juguetería para darse cuenta de la monocromía que reina en las secciones para niñas. El rosado no es sólo el color de las muñecas y los disfraces de princesa, sino también de bicicletas, teléfonos, guitarras e incluso juegos hasta hace poco unisex”, declaran.

Mi experiencia personal

De niña crecí con distintos colores de la naturaleza (verdes, oscuros, grises, azul cielo, arco iris) y entre pétalos multicolores de pequeñas plantas silvestres. Nuestra ropa era oscura, nuestras casas eran oscuras, como en la misma Edad Media. De joven, igual oscuridad, pero con algunos tonos más alegres. Nadie me influyó en ningún color.

Hoy el rosa es uno de mis colores favoritos, lo adoro. El fucsia me enloquece. Para vestir, uso prendas de todas las tonalidades, pero el color de mi intimidad, de mis sentimientos, de mis fantasías, es un rosa subido de tono. Y en esta web aparece muy a menudo.

Flor Fucsia.

Flor Fucsia.

Cuestionar el rosa

Considero correcto que alguien, como las hermanas Moore, se cuestione la avalancha del rosa, pero habrá algo más que marketing cuando las niñas se lanzan a comprar esos productos. ¿Será que el resto de colores tienen escasa salida en el mercado infantil?

Si se da a elegir entre una pelota y un camión y entre una muñeca y una cocinita, los niños suelen escoger pelota-camión y las niñas muñeca-cocinita. Libre elección.

Me preocupa más cuando un niño varón, de tres añitos, ya demuestra unos sólidos perjuicios: “rosa no, que es el color de las niñas”. ¿Está asqueado por el abuso que se hace de ese color? ¿Es su modo de distinguirse de las niñas, una etapa que suele superarse al llegar a la pubertad y empezar a interesarse por lo femenino? ¿O ya ha aprendido que lo de “niñas” suena a “inferior”, “de poco aprecio”, “reírse de las niñas hace más hombre”?

¿Y tú, madre soltera y padre soltero, lector y lectora en general, qué opinas?

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org