Los niños pequeños que ya duermen en su propia habitación lloran angustiosamente cuando tienen miedos nocturnos, buscando el consuelo y la compañía de sus padres. Otros niños se acercan sigilosamente a la habitación de papá y mamá pidiendo cobijo en su ancha cama; o en la cama de mamá, si es una madre soltera o sola. Los monstruos nocturnos son terribles, si aún lo recordamos.

Hasta el primer año de edad un buen número de niños tienen su camita junto a la de sus progenitores. Si se despiertan asustados, una mano tibia acaricia de inmediato su cara: “Duérmete mi niño, que no pasa nada”. El respirar tranquilo del adulto, profundamente cansado de una larga jornada, convence al bebé que ningún monstruo se atreverá a acercarse a él si está tan bien protegido.

Los monstruos infantiles se esconden en la calle, los bosques, bajo la cama...

Los monstruos infantiles se esconden en la calle, los bosques, bajo la cama...

Pero, ¿qué pasa cuando el niño se resiste a dormir en una habitación separada y lloriquea todas las noches varias veces? ¿Y si ha dormido desde el principio en una camita junto a su papá y mamá, o su mamá, si es una familia de una madre soltera o sola? ¿Y si siempre, desde que nació, duerme en la misma cama que mamá?

Testimonios

El problema aparece cuando pasan los años y el niño o niña sigue durmiendo en el lecho del adulto. Las dudas se reflejan en los comentarios que llegan a la web:

PATY
“Hola: tengo una hermana divorciada, su hija tiene 11 años y aunque tiene su habitación, ambas se niegan a dormir separadas. Una psicóloga le hijo a mi hermana que eso le hará más daño a mi sobrina. Me gustaría me dijeran de qué manera, para conocer más al respecto y para compartirlo con ellas (hermana y sobrina).
Gracias”

BETTY
“Hola a todos…, tengo un hijo que acaba de cumplir los 15 y dormimos juntitos aún. Soy separada. Hasta el momento él no quiere dormir solo y lo respetaré hasta que él decida cambiar de cama. Espero no estar haciéndole un daño.”

En la consulta de una terapeuta familiar

Laura Gutman, terapeuta familiar argentina, en un artículo publicado bajo el título “Dormir con los hijos”, nos cuenta la historia de una niña, María, que a los 4 años no había conseguido dormir una sola noche sin despertar a sus padres. Éstos estaban molestos y enfadados, porque consideraban que a esa edad era suficientemente mayor para comprender que por la noche es necesario dormir.

Laura se interesó en primer lugar por los padres de la niña. Con ellos reconstruyó la historia de la vida de María.

“De este modo supe que, a los dos meses de vida, María ya tenía que esperar a su madre, quien se vio obligada a trabajar entre diez y doce horas diarias porque coincidió con un momento de crecimiento clave en su empresa que exigía su presencia.”

La mamá no pudo, pues, continuar la lactancia a causa de las exigencias laborales. Una persona empezó a cuidar de la niña durante el día. A los seis meses la niña enfermó de los bronquios y quedó al cuidado de los abuelos. Lloraba mucho por las noches.

Al año y medio empezó a frecuentar el jardín de infancia. Se adaptó bien, pero por las noches demandaba a los adultos. “María era inteligente, expresiva, vivaz, comunicativa, querida por los maestros y los niños de la guardería. Era casi perfecta a ojos de sus padres, todo un encanto, salvo que se despertaba por las noches.”

La terapeuta ayuda a los padres a imaginar la vida de la niña

“Reconocimos que, desde su nacimiento, [María] esperaba el momento para permanecer abrazada a su madre. Esperaba y esperaba… se adaptaba, no molestaba, era alegre. Respondía a las expectativas, pero durante la noche ya no podía seguir con el esfuerzo. Por las noches, la necesidad de encontrar el cuerpo de su madre o de su padre, o de alguien, era visceral. María no podía reprimir esa inmensa necesidad de ser tocada, acariciada, cobijada.”

La mamá de María empezó a llorar. Reconocía que su hija estaba muy sola, tan sola como ella cuando era niña.

Intervino la terapeuta para preguntar qué pasaría si alguna noche la mamá fuera a dormir a la cama de María. No propuso que la niña se trasladara al lecho de la pareja. Eso no aparece en el artículo, aunque también habría sido algo correcto. La mamá, convencida que dormir con los hijos era algo malo, dio salida a su represión: “Me miró [cuenta la terapeuta] y preguntó si eso estaba bien.”

Fíjense en la respuesta de la terapeuta, qué habilidad para no decir si bueno o malo. En su consulta le plantearon el problema, lo analizó individualmente, y para aquel caso concreto propuso una actuación:

“Le dije que yo no tenía ni idea de si estaba bien o mal, que era cuestión de probar. Y al probar, todas las posibilidades tuvieron lugar para existir.”

Laura Gutman: cómo desterrar los miedos

•    Cada niño es diferente y algunos necesitan dormir en compañía. Si hay hermanos y uno quiere dormir con los padres, lo ideal es ponerlos a dormir juntos. Así se sentirán confortados y no necesitarán tanto la presencia de los padres.
•    Con este tipo de demanda, los niños nos desafían a entenderlos.

•    Si con nuestra compañía logramos acallar a nuestro hijo y conseguimos que se duerma, es muy probable que estemos evitando desplazar su necesidad de compañía hacia otros aspectos más difíciles, como enfermedades, tristezas, ataques de ira, nervios u otros síntomas más complejos.

Procedencia: “Dormir con los hijos” (revista Mente Sana), de Laura Gutman.

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org