Siempre que hablamos de madres solteras y madres solas que cuidan y educan a sus hijos con pocos medios, o con menos medios, si los comparamos con una situación anterior (tener pareja, estar casada, apoyo de la familia paterna, etc.), puede parecer que formamos un mundo aparte.

Las mujeres también nos apoyan y están dispuestas a darnos una mano.

Las mujeres también nos apoyan y están dispuestas a darnos una mano.

No es esa nuestra voluntad. Las madres solteras luchamos porque estamos en inferioridad de condiciones frente a otras situaciones de maternidad. Queremos equipararnos ante la ley con la familia prototipo de la sociedad: matrimonio e hijos.

No olvidemos que en muchos países los hombres pueden desentenderse de un hijo no matrimonial sin que las leyes protejan a este hijo ni a la madre. No todo el monte es orégano, ni todo huele a justicia y reconocimiento de idénticos derechos para todos.

De ahí que, cuando hablamos de la revolución de la mujer o, en otras palabras, de los cambios que se producen en la mentalidad y la justicia social para el hombre y la mujer, las madres solteras y solas vamos a la par con las otras mujeres. Ni nos automarginamos ni deseamos que nos marginen más de lo que ya lo estamos en muchas regiones del planeta.

Estamos seguras que el conjunto de mujeres también nos apoyan y están dispuestas a darnos una mano.

Vivimos en una época de cambio

Hace bien poco, las mujeres nos propusimos ser protagonistas de la sociedad y lo comenzamos a conseguir. Cada vez nos parece más normal ver a mujeres conduciendo un autobús o pilotando un avión, o ser ministras y presidentas de gobierno, abogadas, médicas… Pero ese primer paso requiere un segundo, que lo vamos a llamar ejercer el protagonismo en todos los ámbitos y en la misma proporción numérica. De mujeres empresarias hay pocas, y directoras de multinacionales también, y presidentas de grandes empresas, no digamos. ¿Si más de la mitad de la población mundial son mujeres, cómo es que algunos cargos prácticamente sólo están reservados a hombres?

Vamos a caminar poco a poco, a estudiar, a prepararnos, y para ello hay que modificar determinados papeles que hasta ahora estaban reservados a la mujer.

No se trata de ocupar el espacio que hasta ahora ha pertenecido a los hombres, sino de caminar en igualdad de condiciones. Y claro, tienen que haber reajustes.

Por ejemplo: que no se condene o se “criminalice” la maternidad. Estamos orgullosas de ser madres y queremos serlo y ejercer en todos los sentidos, pero la sociedad tiene que comprender que ciertos paréntesis en la vida laboral (o disminución de la actividad) no tienen que ser un impedimento para ejercer de madres y, al mismo tiempo, retomar más tarde la actividad en la empresa, el campo o la universidad sin ser abroncadas y miradas con malos ojos.

No corramos tanto. Un poco de calma y de inteligencia. Parece como si ante un paréntesis laboral en la vida de una mujer para ejercer de madre el mundo fuera a derrumbarse. Una empresa bien planificada, no patriarcal, tiene recursos humanos y de calificación suficientes para permitirse que las mujeres paremos y cuidemos de nuestros hijos el tiempo y bajo la reducción de jornada adecuados.

El tema da para mucho más, pero lo iremos desgranando poco a poco. Las madres solteras, y las mujeres en general, no estamos para perder el tiempo con debates inútiles. Estamos trabajando, cada una desde nuestra posición, para ocupar el lugar que nos corresponde, respetando las diferencias propias de los hombres, del mismo modo que ellos respetan y van a respetar las nuestras.

Todo lo que hagamos una a una, o en grupo,  por el bien de las mujeres, va a redundar en beneficio de otras que viven en países o áreas donde muchos derechos no les son reconocidos.

Recientemente una compañera me comentaba que en un congreso o encuentro internacional de mujeres, algunas las alentaban, en privado, de este modo: “tirad adelante, no os detengáis, porque gracias a vosotras, nosotras podemos avanzar”.