En el colegio de nuestros hijos, en nuestra actividad laboral, en la familia y en otras muchas áreas de relación humana aparecen conflictos. Los conflictos crean desajustes en la convivencia. La tensión se acumula y un día los implicados explotan y parece que todo se va a romper.

Las madres solteras y las madres solas (ya lo hemos hablado otras veces) tienen una carga mayor que otras madres, por cuanto toda la responsabilidad del hogar, desde la organización de la casa, la salud de los hijos, la escuela y cualquier mínimo detalle  reposan en sus hombros. Repartir responsabilidades es un descanso enorme. Sólo cuando no se tiene esa ayuda se valora su falta.

A menudo los conflictos con los hijos e hijas surgen a consecuencia de la sobrecarga de responsabilidades, de los recursos económicos escasos o del agotamiento que representa para la mujer no tener unas horas de descanso a la semana para salir con las amigas, cuidarse físicamente o ir al cine. Las madres separadas y divorciadas, por el contrario, acostumbran a compartir con su ex los fines de semana y las vacaciones, de modo que gozan de unos días libres. La madre soltera, por lo general, no tiene quien cuide de sus hijos, excepto cuando vive con sus padres o los tiene cerca. Pero, aún así, los abuelos de los niños se muestran menos predispuestos porque durante todo el año ya cumplen con sus obligaciones de abuelos y además actúan de suplentes de la hija durante las horas en que ésta trabaja.

Nuestros hijos e hijas necesitan atención, respeto, afecto y reconocimiento.

Nuestros hijos e hijas necesitan atención, respeto, afecto y reconocimiento.

Cuando la madre está cansada o de mal humor, la irritación repercute en la relación con los hijos y las personas con quienes viva. Por otra parte, los hijos también llegan a casa malhumorados, en especial en la adolescencia. Si no se tienen los nervios firmes y tampoco se poseen estrategias de resolución de conflictos, la situación se sale de madre, como se dice vulgarmente. Llega un momento que los gritos se convierten en algo común. Como si no existiera un tipo de convivencia más tranquila.

Surge el conflicto

“En la vida diaria puede ser difícil saber cómo reaccionar cuando se presentan conflictos con nuestros hijos o hijas. Sus enfados nos pueden molestar o poner nerviosos y a veces podemos perder el control de nuestras propias emociones gritando, utilizando el castigo físico como el golpe o el cachete,  riñendo o amenazando.”, leemos en una guía educativa de la ONG Save the Children.

“Como padres y madres nos gustaría que esto no sucediera, que pudiésemos controlarlo, porque queremos a nuestros hijos e hijas y no pretendemos hacerles ningún daño. Sin embargo, estos comportamientos de irritación de los padres y madres pueden llevar a pensar en alguna ocasión a nuestros hijos que no les queremos lo suficiente.”

¿Debemos usar la violencia para solucionar conflictos?

“Para imponer disciplina a un niño o niña en ningún momento necesitamos usar la violencia con ellos, pegándoles o humillándoles. Los conflictos forman parte de las relaciones humanas. En ciertas ocasiones el camino que toman los conflictos puede deteriorar la convivencia generando violencia, por ello es importante proporcionar herramientas para resolverlos de manera constructiva.

Para empezar, necesitamos que todos los implicados sean conscientes de su responsabilidad en el problema y que tengan voluntad para resolverlo.

Igualmente es necesario saber cuándo es el momento de intervenir, cuál es el mejor momento para hablar y cuándo callarse, porque si queremos resolverlo en el momento en que alguna de las personas implicadas en la situación está violenta o enfadada es muy probable que en ese momento no se pueda hablar de manera tranquila.”

Estrategias para resolver conflictos

•    Intentar que cada persona pueda expresar sus sentimientos sin ser juzgada. Y que se sienta escuchada. Si es necesario, se pedirán perdón por los errores cometidos.
•    No emplear actitudes agresivas como insultos, reproches o amenazas.
•    Favorecer que cada persona se ponga en el lugar de la otra. Es la única manera de ver las distintas perspectivas del conflicto.
•    Negociar una salida que afecte a todos los involucrados. Todos tienen su responsabilidad en el problema.

Comprender las razones de su comportamiento.

Comprender las razones de su comportamiento.

Falta de control emocional con nuestros hijos

Cuando surge un conflicto, muchas veces tendemos a dar respuestas violentas. Significa que no sabemos cómo hay que actuar. Nos dejamos llevar por las emociones negativas. La extroversión de las emociones dura poco tiempo, pero puede causar males a corto y largo plazo.

“Por eso es tan importante poder autorregular nuestras emociones y nuestros comportamientos ante nuestros hijos e hijas y ante los demás, y también aprender a interpretar y a comprender las razones de su comportamiento, sobre todo cuando están enfadados y tienen conductas inapropiadas.

Para ello hemos de pensar que nuestros hijos o hijas, como cualquier otra persona, necesitan atención, respeto, afecto y reconocimiento. A veces, cuando la persona siente que no tiene este reconocimiento, o que no se lo dan como espera, puede reaccionar con comportamientos de enfado o con llamadas de atención, con oposición a la autoridad y en ocasiones, incluso, con comportamientos vengativos.

Esto no suele suceder, sin embargo, cuando la persona se siente atendida; en estos casos nos  solemos mostrar contentos, cooperativos y dispuestos al diálogo.”

Nuestros hijos nos imitan

“La falta de control emocional de los padres y madres puede llegar a ser imitada por los hijos, como hacen con otros de sus comportamientos, y aprender así a perder también su control emocional, voceando, gritando, riñendo o pegando; y todo ello sin que los padres y madres lo pretendamos.”

Normas que hay que promover en la familia

•    Excluir las formas de violencia física y psicológica.
•    Los límites y normas deben ser claras y coherentes, en función de la capacidad del niño o niña para asumir responsabilidades.
•    Cuando el consenso no sea posible, la madre debe explicar y razonar las normas de  una manera comprensible para el niño o niña según su nivel de desarrollo.
•    La madre explica las normas y las consecuencias en caso de que no se cumplan.
•    La madre debe tomar la última decisión, si desea cumplir con su función de protección y educación.

Fuente de información: Creciendo como padres y madres, una guía práctica para ayudar a padres y madres en la educación de sus hijos. Editada por Save the Children.