Tu hijo o hija no tiene papá y quieres explicarle la situación?
¿Pregunta por su papá y no sabes cómo explicar su ausencia?
¿Tu hijo o hija llama papá a todos los hombres que ve?
¿Cómo explicarle que es hijo de mamá soltera?
¿Te deprime que antes que “mamá” diga “papá”?

Sea cual sea la formulación de la pregunta, el hecho objetivo es solo uno: el niño o la niña sabe que no tiene papá, porque nunca lo ve o nunca lo ha visto.

Por consiguiente, quiere un papá, aunque no pregunte quien es: cómo se llama, dónde vive, si un día vendrá.

¿Y por qué no ve a su papá? Pues, porque su madre es su única familia.

No es tarea fácil responder a tantas preguntas, pero vamos a debatirlas paso a paso y resumirlas de este modo.

"La foto que nunca existió".

¿Tengo papá?

Si el niño o niña es fruto de la relación con un hombre, es una evidencia que no hay que ocultar. Habrá que decirle que mamá quedó embarazada y, después de una gestación que duró siete, u ocho, o nueve meses, nació un precioso bebé.

Si en esta relación hubo amor, o fue un acto consentido por ambas partes, el niño tendrá que saberlo. Pero, aunque no hubiera amor o deseo, la palabra AMOR tiene que estar presente en ese momento tan especial y tierno de explicar a un hijo por qué nació, por qué le fue dada la vida.

En cualquier caso, existió el AMOR DE SU MADRE, que es el puntal más fuerte que amarra a un hijo a la existencia como ser humano, el amor que desean todas las personas sin distinción.

Se da la situación que un hijo o hija que nunca se ha sentido amado por su madre, aunque ésta le diera alimento y educación, le pregunte antes de morir, esperando, con angustia, un sí claro o el asentimiento. “¿Mamá, deseaste que yo naciera? Dime que me has querido”. El silencio de la madre por toda respuesta es el peor sufrimiento para un hijo.

En conclusión: el hijo tiene un papá, pero éste, porque no estaba preparado, o era muy joven, o no existía una relación lo bastante sólida con mamá, se alejó de su vida. Vive en otro lugar. Son cosas de mayores, difíciles de entender, pero no se pueden cambiar.

“Mamá te quiere, eres lo más importante de mi vida, por ti lucharé, y juntos saldremos adelante. Ya verás como vamos a tener muchas alegrías. ¿Verdad que tú también me quieres?”.

Sin el padre, va a existir un vacío en el corazón del hijo, es indudable. Los hijos no quieren destacar, sentirse diferentes. Aspiran a parecerse o ser iguales a los compañeros, al grupo mayoritario. Un buen número de amigos suyos tienen papá. La familia tradicional tiene papá y mamá, aunque otras muchas familias tienen amor sin papá.

Fortalecer al hijo

Envolver al hijo en una atmósfera irreal, en que todo es perfecto, no contribuye a prepararle para afrontar los problemas que se van a suceder en su vida. Si no tiene un papá que asuma su paternidad, es necesario que lo sepa.

Frases evasivas tales como: “tu padre murió” (sin que sea cierto), “tu papá trabaja muy lejos, pero alguna vez vendrá a verte” (se aturde al niño, porque intuye que su madre le miente), le desconciertan y le hacen sentir inseguro, peor que antes de preguntar por su papá.

Ahora bien, expresiones como “tu padre no te quiere y por esa razón nos abandonó” o “tu padre es una hijo de p… y por su culpa vivimos como vivimos”, no favorecen el crecimiento y el equilibrio de un hijo. Sólo tú y el padre del niño sois responsables de lo que pasó. Es una cuestión de adultos. Aún así, aunque lo pienses en alguna ocasión, aunque el cuerpo te pida venganza, intenta frenarte y no dar rienda suelta a tu ira. La ira no cura, ni fortalece, ni aporta beneficios. Solo destroza tu presente. ¡Y la persona objeto de tus iras vive tan satisfecha!

La intervención de familiares próximos insultando al padre biológico aún hace sentir peor al niño. Debe evitarse, para que éste no se sienta inferior a otros niños que tal vez viven peores situaciones familiares (violencia o abandono).

¿Y tú eres mi mamá?

El niño tiene que saber a ciencia cierta que eres su mamá, la persona que más le quiere.

Él no desea oír (porque hay espacios que solo pertenecen a tu intimidad) si tuviste o no dudas acerca de la interrupción del embarazo, si tu familia insistió y tú te negaste, si el padre te puso contra las cuerdas para que abortases, si hubieras abortado de vivir en un país en que estuviera legalizado y al alcance de todas las mujeres. Él no desea saber si estuviste dudando hasta el último momento de darlo en adopción o dejarlo en una institución pública y visitarlo como mínimo una vez al año para no perder tus derechos de madre.

Él solo tiene que saber que nació de ti y fue un niño deseado. Que a partir de los cuatro meses empezó a dar vueltas en tu tripita y le hablabas como si ya le vieras en persona. El cariño y las palabras dulces curan muchas heridas, crean lazos afectivos duraderos, son un pasaporte al optimismo y las ideas positivas del futuro.

Después vendrán dificultades, algunos días te creerás morir de soledad o tristeza, pero los niños llevan alas en los pies y te llevarán con ellos arriba, muy arriba, pegadita a sus manos. Verás qué orgullosa te sentirás cuando los veas creciditos. Y verás también cuanto amor has desarrollado amándolos y conviviendo con ellos. Serás una persona rica en amor.

No te preocupes por el padre, lo que siente, lo que se ha perdido. No sirve de nada elucubrar. Sólo se ama a quien se conoce y tú amas a tus hijos para que nada les falte.

Un niño es la alegría del hogar.

¿Quisieras un padre para tus hijos?

Probablemente. Casi todas las madres que cuidan solas de sus hijos desean tener a una persona a su lado que les dé amor a ellas y a los hijos. Los seres humanos deseamos vivir en familia, en compañía, en pareja. No nos gusta estar solos. Que nadie nos convenza que las madres solteras somos una excepción, que vamos como locas en busca de un marido o compañero. Este tipo de insinuaciones forman parte de conductas machistas que nos hacen mofa con risitas y bromas.

Las madres solteras o solas son exactamente igual a las otras mujeres. Sin embargo, van a tener más dificultades para encontrar pareja si llevan a uno o más hijos consigo. Es un problema añadido a una relación sentimental, porque pueden aparecer conflictos, celos y no aceptación.

Las madres solteras viven a menudo sufriendo su soledad, viendo como los hombres no aparecen o pasan de largo, pero años después ese “desconsuelo” quizá acabe convirtiéndose en positivo para los hijos. Si la nueva pareja no establece una buena relación con los hijos, si la falta de empatía y cariño empaña la vida familiar, sea la mujer soltera, divorciada, viuda o separada, va a vivir un infierno. Como es natural, pedimos a la pareja que quiera a nuestros hijos como nosotras los queremos, pero en ocasiones exigimos más de lo que la otra persona es capaz dar.

¿Decirles la verdad?

Por supuesto, hay que hablar a los hijos de la verdad. Por dura que sea, la verdad acaba doliendo menos que la mentira, que la ocultación de unos hechos que les pertenecen.

Si el niño conoce la verdad desarrollará mecanismos para adaptarse a su situación real. Si se la escondemos, se verá inseguro, despreciado. No menospreciemos a los niños. Éstos pueden ser más fuertes que las personas adultas.

Hay que hablarles con tacto, con palabras que ellos puedan comprender. Si lo hacemos con cariño, seguro que sale bien. Nadie como una madre conoce el modo de acomodarse  a la edad y las necesidades del niño. Todo acompañado de besos, de mimos, de caricias,  de juegos. Los niños son muy listos (bueno, más bien inteligentes), sin dobleces, y pronto captan si nuestra exposición es sincera, si les mentimos, si les falseamos el pasado.

¿Les lees cuentos? ¿Te inventas cuentos? Los cuentos son un instrumento pedagógico esencial para entablar un diálogo con un niño pequeño, para facilitarle la comprensión de la realidad. Quizás encuentres alguno en una librería especializada, cuyo protagonista sea un niño o niña que no tiene papá. O tal vez seas tú la persona indicada para escribirlo. Inténtalo.

Madre, habla con el corazón, habla con tu hijo por su bien, y a buen seguro que acertarás.

Idealizar al padre

Hay que hablar al hijo de su papá, lo mismo da si lo pregunta directamente como si a cierta edad le planteas la cuestión del progenitor ausente.

Si el niño pasa años sin preguntar, no significa que la no presencia de su papá no le importe. Lo sobrelleva calladamente. Evítale sufrimientos y facilítale que se exprese.

Hay que hablarle, pues, de papá, pero sin contarle una historia tan repleta de fantasías que el hijo empiece a idealizarle. Sería peor. Las fantasías relacionadas con la vida propia, cuando se difuminan, dejan mucha amargura. El engaño no es amoroso.

El nombre de “papá”

Muchos niños dicen antes papá que mamá. Otros dice solo mamá y tardan meses en pronunciar papá, con lo cual el hombre, que ya de por sí se siente marginado de las sensaciones de la maternidad, se inquieta. También los hay que a todo deseo le llaman “mamá”.

El nombre de “papá” duele porque la madre sola se había preparado mentalmente, desde la infancia, para tener novio, casarse, formar una familia y tener hijos. Eso es lo común. Cuando la mujer, adulta o adolescente, queda embarazada y lleva la gestación hasta el final sin la presencia del padre, porqué “emigró”, se “dio a la fuga” o se “estresó”, siempre queda un vacío que duele. Y, claro está, duele que el niño diga papá sin que éste exista.

Otros hombres estarán a su lado para que el niño o la niña establezcan las diferencias entre personas masculinas y femeninas. Si fuera al revés, que el niño o la niña vivieran con el padre, necesitarían del contacto con mujeres para que pudiera diferenciar los dos géneros. Casi la mitad de la humanidad son hombres y más de la mitad son mujeres. Siempre habrá personas del entorno familiar y escolar dispuestas a abrazar.

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