La explotación del hombre por el hombre es tan antigua como la humanidad, pero ello no significa que nos tengamos que conformar. Hay que luchar para que desaparezcan el crimen organizado y demás redes internacionales que trafican con personas. Dichas organizaciones clandestinas se mueven cómodamente entre políticos, bancos, jueces y demás corruptos para someter y destruir generaciones y generaciones de niños y jóvenes para sus lucrativos fines. Mujeres jefas de hogar y madres solteras son sectores de población especialmente vulnerables.

¡Qué asco, madre mía! ¡Cómo vamos a salir de ese estercolero!

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Con el poder del dinero y la presión que ejerce el miedo en la voluntad de las personas, consiguen atraer a mujeres, niñas y niños para la explotación con fines de prostitución, uno de los negocios más rentables actualmente, junto con la droga. Las mafias dirigen sus acciones hacia los entornos vulnerables, que son aquéllos donde reina la desigualdad, la pobreza y la falta de oportunidades; donde la justicia hace tiempo que fue obligada a emigrar.

En estos días que tanto se habla de la crisis financiera internacional, no he leído ni una sola línea sobre el descalabro de las mafias. Éstas se adaptan a cada nueva situación y, entre excrementos, basura y extorsiones, siguen apretando el torniquete y campando a sus anchas. El dinero negro o ilegal es el que da mayores beneficios.

Nuestra querida Colombia, sufrimos contigo.

La ONU denuncia que Colombia es el tercer país con más víctimas de trata.