Recordad que días atrás publiqué un artículo titulado “Mala madre”.

“Malamadre” es el sobrenombre o apodo que recibe el personaje principal de la película Celda 311, un preso que recibió en herencia el rechazo, porque su madre ya estaba marcada. El Delegado del Gobierno para la Violencia de Genero, en España, y el actor que interpreta a ese preso en el filme, publicaron un magnífico artículo, del cual saco ese excelente párrafo:

“La mala influencia de la madre sobre los hijos y las hijas es uno de los elementos que la cultura ha destacado como parte del mito de la maldad de las mujeres. Una pieza clave que ha sido situada en los contextos más diversos, desde la literatura en forma de madrastras y personajes perversos, hasta en la ciencia a través de trastornos producidos por las relaciones traumáticas entre madres e hijos.”

Pues bien, unas chicas del grupo de Facebook “Mamis Solteras” me han enviado unos comentarios sobre qué piensan acerca del importante rol de la madre.

Yo les invito a conocer sus convicciones y el ideario que sustenta la educación de sus hijos. Van a ver la calidad humana y moral de esas mamis, que escriben desde distintos países del hemisferio norte y el hemisferio sur. Van a ver.

¿Dónde está escrito que un niño criado por una madre soltera no va a ser feliz?

¿Dónde está escrito que un niño criado por una madre soltera no va a ser feliz?

Mayerling Garcia

Es importante también el mensaje que le llega a los niños y de la idea que se van formando de su propia madre y como una y otra vez se reproduce el mismo esquema una vez que ellos sean adultos.

Elina Widerker

Muchas veces me sentí mala madre, desde el embarazo por no haberle dado a mi hija un padre, una familia normal. Sé que no lo soy, pero la gente te lo hace sentir.

Muchas personas te dicen “para qué lo vas a tener, si va a sufrir”. O te dicen “mira que no es fácil sin un hombre al lado, no vas a poder”. Otros te dicen “qué boluda, te arruinaste la vida”.

Hay personas que te admiran. Te dicen que sos valiente por haber decidido apostar por la vida y otras en cambio te hacen sentir cobarde por no haberme animado a enfrentar un aborto en vez de traer un niño al mundo para que sufra.

Las personas opinan, juzgan a la persona que se hace cargo, a la responsable, al padre que se borró nadie dice nada.

Hoy digo con orgullo que mi hija es feliz y dice tener la mejor mamá del mundo.

¿Dónde está escrito que un niño que nace de una familia “tipo” no va a sufrir nunca en la vida? ¿Dónde está escrito que un niño criado por una madre soltera no va a ser feliz?

Mi hija hoy puedo decir con orgullo que es una niña que es dulce, buena alumna, buena amiga, buena compañera, y la mejor hija del mundo que pude tener…

Lo importante para que un niño/a sea feliz es que sea criado con amor, mucho amor…

Carmen Rios Fernandez

Esta parte del artículo me ha dejado impactada (“Un maltratador no es un mal padre, pero plantear ante un juzgado que un hijo no quiere acudir a encontrarse con él es motivo de todo tipo de críticas contra la mujer, que es presentada como una manipuladora alienante y, por supuesto, como una mala madre que causará importantes secuelas en sus hijos”).

Me siento muy identificada. He sido marginada y señalada por hacer defender los derechos y la salud mental de mis hijos ante su padre. Ojalá los jueces vieran a los hijos y a sus psicólogos antes que a un mentiroso compulsivo llorando y haciendo el papel de su vida dándose golpecitos de pecho diciéndose buen padre… He tenido, como muchas mujeres, que ser fuerte ante estas afirmaciones, pero ¿saben qué les digo, amigas?, que mejor sola que mal acompañada… Mis hijos merecen la madre que tienen y no me arrepiento de nada de lo hecho…

Enya Watermark

Amigas, lo único que puedo decirles después de leer este articulo y sus comentarios es que tenemos que seguir adelante, contra viento y marea, incluso contra nuestros sentimientos a veces como mujer. Todo esto por la estabilidad y el amor que debemos darles a nuestros hijos, solo así podremos tener hijos de bien, entregarle seres humanos sanos de cuerpo y alma a la tierra.

No importa que tan grande sea el dedo que nos señale. Al final, en la noche, en nuestras casitas, lo que cuenta es la tranquilidad de nuestros hijos y la nuestra.