“¿Cómo tengo que ser para que me quieras? La construcción del enamoramiento en los relatos cinematográficos…” Bajo este largo título se esconde un estudio publicado por la Revista de Estudios de Juventud (2009) acerca del lenguaje audiovisual para la prevención de la violencia de género.

Se trata de que hagamos una reflexión crítica ante determinados relatos cinematográficos que abordan definiciones culturales de enamoramiento y vida en pareja. Pueden estar afectando a la identidad, los derechos y la seguridad cotidiana de muchas mujeres.

¡Atame!, película dirigida por Pedro Almodóvar.

¡Atame!, película dirigida por Pedro Almodóvar.

Es necesario ayudar a los públicos más jóvenes a detectar elementos que, desde las pantallas, puedan estar instalando determinados patrones peligrosos respecto al reparto de roles de género o a estructuras de relación amorosa.

El daño y el peligro como motores del logro amoroso

Debemos recordar que quienes trabajan en una narración buscan lo que consideran conmovedor, que se den nuevos conflictos que hagan interesante el drama, intriga, elementos que impliquen al público para saber si los personajes conseguirán salvar los obstáculos que se interponen en su camino…

Eso nos hace desear que se reúna la pareja enamorada, enfrentamientos que se resuelven con una apasionada reconciliación, situaciones de peligro que hacen que uno de los personajes rescate al otro, privaciones de libertad que al final derivan en atracción de la víctima por su agresor, injusticias y errores que, cuando son reconocidos, mueve a uno de los personajes a pedir perdón…

“Siete novias para siete hermanos”, “Lo que el viento se llevó”, “La gata sobre el tejado de zinc”, “Doctor Zhivago”, “Grease”, “Los tres días del Cóndor”, “Átame”,”Tienes un e-mail”… reconocemos fácilmente estas recetas narrativas, estos esquemas con los que guiar el enamoramiento de los personajes.

Nos hemos entretenido y hasta emocionado con muchas de estas historias y, viendo caso por caso, es probable que no creyésemos necesario cambiar nada en su estructura. Sin embargo, desmontando su engranaje y entendiendo por qué son elegidos estos episodios como antesala del clímax narrativo, entendemos lo perjudiciales que pueden resultar, por ejemplo, para públicos jóvenes que buscan patrones con los que fantasear sobre su futuro: que el peligro físico, el enfrentamiento extremo o la humillación sean elementos que, de algún modo, pueden propiciar o añadir emoción a una historia de amor son creencias que pueden instalarse con facilidad, relato tras relato, y que acarrean fatales consecuencias para determinados tipos de espectadores.”

La historia narrada nunca es una historia completa

Estos relatos románticos tienen que simplificar, para resaltar sólo algunos aspectos de los personajes, además de que a última hora se produzcan cortes en la mesa de montaje, personajes no desarrollados… Son historias incompletas. “Incluso en las narraciones audiovisuales de formato más duradero, como ciertas series televisivas, el tiempo es una de las grandes carencias que restringen el trabajo de guión, realización y producción.”

Sigue exponiendo el estudio:

“En los dramas que eligen la amargura de la separación como desenlace es frecuente que tampoco lleguemos a saber cómo rehacen los protagonistas sus vidas y que, sin embargo, empleemos mucha atención en magnificar su despedida y revestir su pena con un cierto halo de heroicidad.”

El clímax narrativo se centra en una parte pequeñísima de la historia de amor, “subrayando y magnificando episodios como el primer beso, una reconciliación o el dolor de ese último adiós tras el cual no merece la pena seguir narrando. Son, sin duda, elementos impactantes y hermosos que muchos espectadores buscan en sus propias vidas: escenas emocionantes que guardamos como tesoros de nuestras propias biografías porque, durante un instante, dieron magia de película a nuestra cotidianeidad.”

Magnificar estas escenas y trasladarlas a nuestra propia realidad puede derivar en la deformación de la interpretación de la vida cotidiana de muchas parejas reales que intentan construir su historia de amor. O también que se paralicen determinadas reacciones necesarias de defensa y protección: una de las principales dificultades para las víctimas de violencia de género es conseguir mantener la firmeza del rechazo a sus agresores, teniendo que hacer frente a la belleza de una reconciliación o al recuerdo de las escenas bonitas compartidas en el pasado.”

Fuente de información:
Laia Falcón Díaz-Aguado.
Doctora en Comunicación Audiovisual.
Universidad Complutense de Madrid.
¿Cómo tengo que ser para que me quieras? La construcción del enamoramiento en los relatos cinematográficos: propuesta de un modelo de alfabetización audiovisual para la prevención de la violencia de género
Revista de Estudios de Juventud – septiembre 2009, nº 86

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