Cada vez es más frecuente que en las conversaciones entre adultos se hable de los límites que hay que poner a nuestros hijos. Y estos límites a menudo tienen relación con la convivencia con los demás.
Una psicopedagoga infantil nos orienta sobre las consecuencias de actitudes incívicas o deshonestas de los padres y su repercusión en el comportamiento adolescente y posteriormente de adulto.

¡Cuidado cuando se cruce la calle!

¡Cuidado cuando se cruce la calle!

Situación

“Padre e hijo van caminando por la vereda [acera] y es necesario cruzar la calle. ¿Qué hacen?, ¿esperan sobre el cordón [bordillo] o sobre la acera hasta que se pueda cruzar? Y si llevan a un niño en un cochecito, ¿bajan el coche y esperan, o esperan sobre la vereda?

Comentario

Me pregunto por qué la mayoría de la gente baja del cordón mientras espera, cuando está bien claro que el límite de la vereda es ése. Pregúntense si cuando los chicos empiecen a recorrer tramos solos ustedes estarán seguros de haberles enseñado a cruzar la calle de manera adecuada. No sólo basta con decirles que deben mirar atentamente si vienen autos, ¿les han enseñado a esperar para cruzar sin bajar el cordón? Esto no sólo tiene que ver con su seguridad, también se relaciona con el respeto a los otros, pues si esperan para cruzar debajo de la vereda achican el espacio de la acera y molestan a los automovilistas.

Nuevamente: los chicos (y algunos grandes también) tienen que aprender a incluir al otro, a pensar que las cosas que ellos hagan pueden tener un impacto en los demás.

Todas estas situaciones que hemos nombrado deben ayudarnos a reflexionar sobre nuestras propias acciones, ya que sin el ejemplo es imposible enseñar a los niños a construir sus valores. Por supuesto que esto es complicado en la época que vivimos, pero más allá de las difíciles circunstancias políticas, económicas y sociales que nos toque vivir, siempre seremos un modelo para nuestros chicos.

Lo que hagamos equivocadamente ahora, cuando son pequeños, lo veremos amplificado cuando sean adolescentes. La corrupción de los demás no es excusa para actuar mal. Si un político o un sindicalista robaron groseramente y ese hecho es de público conocimiento, eso no justifica reproducir semejante conducta en la propia vida cotidiana. No importa cómo hagan los demás las cosas, cada uno de nosotros debe tratar de hacer bien lo suyo; ésta es la única manera de que el día de mañana hayamos formado adultos fuertes, decentes, seguros y capaces.

Un niño no debería escuchar que su padre, con el fin de compensar su bajo sueldo, se trajo de la oficina las hojas en blanco que quedan en un impreso cuando su jefe no lo vio. Recuerdo una ocasión en que un niño de 8 años me preguntó si estaba mal que su madre hiciera en su oficina las fotocopias de todos sus compañeritos de clase a espaldas de su jefe. ¿Cómo vamos a lograr que los niños hagan lo correcto si nosotros no lo hacemos? Si traen algo a casa que no es de ellos tenemos que enseñarles que deben devolverlo, pero nuestras acciones deben ser coherentes con nuestras enseñanzas.

Los niños aprenden lo que ven, tanto lo bueno como lo malo: dependerá de los adultos qué actitudes les mostremos. Por otro lado, al educar a nuestros hijos con buenos ejemplos estamos también contribuyendo a construir una ciudad y un país más ordenados, más respetuosos y con mejores valores.

Fuente de información:
Elvira Giménez de Abad
Cómo poner límites a los hijos. Sugerencias para padres
Edita: Paidós, 2007

Calendula
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