Si el padre de tu hijo aparece en el horizonte, no le des la espalda. Quizás te conviene dialogar.

Si el padre de tu hijo aparece en el horizonte, no le des la espalda. Quizás te conviene dialogar.

Un día tuvo lugar una relación sexual entre una mujer y un hombre. En principio, suponemos que hubo amor, o deseo, o curiosidad, o atracción fatal… Qué más da. La cuestión es que la mujer estaba en su periodo fértil y quedó embarazada. Dejemos de lado, por un momento, si usaba correctamente un anticonceptivo o si no usaba ninguno.

Desde el instante en que la mujer conoce que está embarazada, el hombre pasa de ser un lío de una noche, una aventura, un intento de formar pareja, una química que te quema, etc., a padre biológico de un ser que ha anidado en tus entrañas. Los Estados que tienen reconocido el aborto establecen hasta qué semana de gestación puede abortar la mujer y bajo qué supuestos (la vida de la madre está en peligro, malformación del feto, el embarazo es el resultado de una violación) se estima legal la interrupción del embarazo. Puedes acogerte a este derecho o bien, sean los motivos que fueren, seguir con la gestación.

Veamos algunos casos:

El padre de tu hijo puede ser un compañero de clase, un adolescente. Él no querrá hipotecar su vida con una chica con la que, dice, no tenía intenciones serias, y menos cuando no ha acabado los estudios, no tiene trabajo, le queda mucho por vivir, y la relación no pasaba de ser un simple rollito. Ahí te vas a quedar sola.

El padre de tu hijo puede ser un señor casado. Infeliz con su pareja, se consuela con una chica normalmente más joven, que para colmo de generosidad le ayuda a salvar su matrimonio. Las promesas de abandonar a su mujer y a sus hijos se suceden año tras año, pero no lo hace porque no ha llegado el momento oportuno, porque no lo comprenderían, porque él os quiere a las dos y teme que, si se separa, al final se quede sin la una y sin la otra. En fin, que serás madre soltera hasta el fin de tus días, si nada se tuerce.

Sales con un chico desde hace más de un año. Sois jóvenes, rozando la mayoría de edad. Lo vuestro es una locura que vale la pena vivir: sexo desenfrenado, viajes, locales nocturnos, música, amigos, “vamos a tomar algo” hasta las tantas de la noche. Llega el día que te quedas embarazada. “Yo no voy a ejercer de padre. Te pido que abortes. Si quieres tener el hijo, eres muy libre, pero nunca me reclames nada. Que no se entere nadie, y menos mis padres”. Abortas. Te duele. “Cuanto más rápido me lo quite de encima, mejor”, arguyes. Tú no sabes que yo sé que has abortado. Años más tarde te veo feliz con otro chico. Has acabado la carrera y trabajas para una ONG. Qué quieres que te diga. Seguramente hiciste lo mejor.

El padre de tu hijo es extranjero. Os conocisteis en la boda de unos amigos comunes. Cuando retornó a su país, no sabía que estabas embarazada. Nunca se lo dijiste, ni volviste a nombrarle. Ahora que eres abuela, tu hijo te ha dicho “quiero conocer a mi padre”. Se han reencontrado. Para el padre, y para su mujer e hijos, fue una sorpresa. Viven lejos. Así soportarán mejor la existencia de un hijo que surgió de la nada.

No sé si es verdad lo que se dice: que las mujeres que tienen una figura del padre poco sólida, tienden a buscar pareja entre hombres bastante mayores que ellas. Éste puede ser tu caso. Suponiendo que el padre de tu hijo te supere en edad, no le des excesiva importancia. Si ve a tu hijo y te ayuda económicamente, qué más puedes desear. Si desapareció, da igual la edad. Por si acaso, conserva una foto suya.

Si el padre biológico de tu hijo no quiere reconocerlo legalmente ni pagarle una pensión mensual, puedes llevarle a juicio y exigir, si es el caso, las pruebas de ADN. Las leyes, según en qué países, están de tu parte. La justicia tiene que velar, ante todo, por los menores de edad.