Tres mujeres cuentan su experiencia en el yacimiento burgalés.

Atapuerca: una cantera de mujeres investigadoras
con los pies (y las manos) en la tierra

Publicado en Amecopress – Información para la Igualdad
3 de agosto de 2010

Excavaciones en Atapuerca.

Yacimiento de Atapuerca.

Madrid, 03 ago (10). AmecoPress. Hasta dos millones de años separan a las generaciones que se cruzan en las excavaciones de Atapuerca. Desde que en 1976 se encontraran los primeros restos humanos, el interés por este yacimiento ha sido constante tanto desde los medios de comunicación como, lógicamente, desde la comunidad científica.

Cada año, decenas de personas solicitan participar en la campaña anual de trabajos de excavación que se produce entre junio y julio. Cerca de 150 personas lo consiguen. Para algunas de ellas será la única ocasión, pero otras tantas deciden quedarse. Hablamos con tres mujeres que, con distintas metas alcanzadas, continúan su labor académica en una de las instituciones que investiga en Atapuerca, el CENIEH.

Ana Mateos

Responsable del Grupo de Paleofisiología de Homínidos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, CENIEH, esta investigadora es ya de las veteranas. Estudió en la Universidad de Salamanca y lleva desde 1997 en Atapuerca, donde ingresó “recién licenciada” y obedeciendo a su interés por la arqueología y la paleontología.

Actualmente dirige un equipo de investigación sobre bioenergía, es decir, sobre el gasto energético de poblaciones actuales y homínidas. Centra su investigación en el consumo de energía que conlleva la gestación y la lactancia, relacionando nuestra especie con las hembras homínidas del Pleistoceno, la época mejor representada en Atapuerca.

A su llegada al yacimiento burgalés le impresionó la calidad de trabajo y la preparación profesional. “Es un equipo potente, sólido, con un importantísimo factor humano en el aprendizaje”, afirma, y recuerda que “una excavación es una escuela para estudiar el comportamiento humano, conocer las evidencias, porque los restos encontrados son nuestros documentos”, tal y como lo son los documentos escritos para muchos otros investigadores.

Los inicios fueron duros, aunque reconoce que contar con una subvención allana el camino. “Somos pocos los que contamos con una beca de investigación, pero (aun no teniéndola, Atapuerca) es una oportunidad única para aprender. Es una cantera para formarse, no sólo en arqueología, sino también en geología o paleontología”.

Atapuerca es conocido por su alto nivel formativo y cada año hay una gran afluencia de voluntarios, la mayoría estudiantes de muy diversas materias de conocimiento: biología, geografía e historia, antropología, geología… En principio, no se hace una selección previa para poder participar, aunque “depende del año, de la demanda”, explica Mateos.

"Es bastante cansado trabajar en el yacimiento."

"Es bastante cansado trabajar en el yacimiento."

En esta última campaña, finalizada hace apenas una semana, participaron 120 personas. Muchas de ellas son mujeres, lo que la investigadora interpreta como un resultado necesario porque “hay más mujeres que hombres en las universidades, especialmente en estas carreras”. Según ella, “esta situación se va equiparando en las generaciones que llevamos más tiempo, y entre el personal investigador está equilibrado el número de mujeres con el de hombres”, aunque “los codirectores son todos hombres”, añade.

Aida Gómez

Interesada en hacer la tesis sobre evolución humana, que recientemente ha leído en la Universidad de Granada, Aida Gómez afirma que “en España, el sitio al que tienes que ir obligatoriamente es Atapuerca”. Desde siempre tuvo claro cual iba a ser su especialidad, y cuando estudiaba Biología, “todos los años desde el primero solicité participar en la campaña, y al fin, el último, me dejaron”.

Lleva en Atapuerca desde 2004, y ya es “investigadora de nivel medio”. Al principio llegó como voluntaria. “Yo ya sabía que iba a pedir la beca de investigación, pero muchos estudiantes y voluntarios van un año, a lo mejor dos, y ya no vuelven. Yo tenía claro que quería seguir aquí”.

Una de las cosas que destaca de Atapuerca es que se produce “una mezcla equilibrada de veteranos, investigadores de experiencia media y personas sin experiencia”, lo que permite aprender continuamente. “Hay una gran interacción”.

“Cómo lo vives cambia muchísimo desde las primeras campañas. Al principio no sabía nada, todo era un torbellino de sensaciones, de gente y de cosas nuevas, como en un campamento. Luego vas aprendiendo y cambia tu perspectiva. Formas parte del equipo y se aplaca la revolución”.

“Físicamente también se nota”, lamenta del paso de los años, “es bastante cansado trabajar en el yacimiento y, cada vez más, los últimos días (de la campaña) estoy agotada”.

También reconoce que son más las mujeres que se interesan por participar, y considera que es normal por las carreras de las que provienen, como Biología, Historia o Geología. “Es una cuestión de proporción. Hay una abrumadora mayoría de mujeres en estas áreas de conocimiento”. Y añade: “son disciplinas que crean más interés entre las mujeres”.

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Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org