Permíteme que copie unos párrafos que ha escrito Rachel Morris en su libro La guía para la familia monoparental. Te encontrarás tan identificada que desearás seguir leyendo sin parar. Ella, al igual que su madre, también es madre soltera.

“Si realmente queremos ser los mejores padres, tenemos que cuidarnos lo mejor posible. Puede que eso a veces signifique dar prioridad a nuestras necesidades sobre las de nuestros hijos. Para muchos padres, las madres en particular, puede que esto sea una sorpresa, y puede que se perciba como una contradicción con todo lo que nos han enseñado sobre nuestro papel dentro de la familia. Sólo han pasado dos generaciones desde que la mayor parte de las mujeres se quedaba en casa mientras sus maridos salían a trabajar.

Como padres solteros, no nos podemos permitir el lujo de decidir qué papel desempeñaremos en la vida de nuestros hijos porque, una vez en casa, somos todo lo que tienen y debemos representarlos todos: cuidadores de la casa, proveedores del sostén económico, niñeras, guardianes de la disciplina y profesores, por citar sólo unos pocos.

Soltero o no, la mayor parte de nosotros se siente mal como padre o madre, porque mientras nos damos cuenta de que no podemos serlo todo para nuestros hijos creemos que les debemos el intentarlo y con frecuencia nos sentimos culpables cuando fracasamos.”

Sigue relatando Rachel Morris:

“Cuando estaba criando a mi hijo hubo muchas ocasiones en las que estaba muy escasa de recursos económicos y falta de energías, y recuerdo perfectamente lo culpable y egoísta que me sentía cada vez que gasaba algo de dinero en mí, aunque fuese realmente poco.

Por otra parte me di cuenta de que no importaba cuánto me sacrificara o a cuánto renunciara por mi hijo, él siempre necesitaba más.

Como madre joven con la mejor de las intenciones, me sentía increíblemente frustrada y a veces hasta resentida con él por este motivo. Alguna vez incluso llegué a gritarle por pedirme que le contara otro cuento o que le dejara quedarse cinco minutos más en el parque. En esas ocasiones, me encontraba consumida por la culpa y el arrepentimiento por haberle gritado y terminaba por dejarle hacer lo que quisiera porque me sentía mal por haber estado de mal humor.

Las lágrimas de vergüenza y frustración que lloraba en soledad mucho después de que se hubiera dormido componían una escena bastante trágica. Era joven y orgullosa, y no quería pedir ayuda a nadie.

No me importaba lo que YO necesitaba para ser una madre mejor, simplemente me preguntaba qué era lo que me pasaba, por qué se me hacía tan difícil. Estaba avergonzad y por tanto mantenía esta lucha interna sin decírselo a nadie.”

Sacrificarse demasiado es demoledor para una misma y hasta contraproducente para la relación con los hijos, opina Rachel Morris, pero también lo es no sacrificarse lo suficiente.

El apoyo a madres solteras es fundamental para el equilibrio de la madre y los hijos, provenga de las familias, de las personas próximas o de los servicios sociales. Escuela de verano, por ejemplo. O salir por la noche. O cenar fuera de casa sin los niños. Probablemente se sentirá culpable de acceder a unas horas de descanso o divertimiento, si no está a acostumbrada a permitírselo, si cree que de ese modo no será una buena madre, a la que van a criticar.

Si se siente culpable, este sentimiento va a hacer mella en las relaciones con los hijos. La culpabilidad, la frustración, producen mal humor. Con esa actitud parecerá que haga culpables a los niños. Y los hijos, a su vez, intuirán que son culpables.

Agrega Rachel Morris: “Les gritamos, lo que nos hace sentir mal, y así comienza el ciclo.

Fuente de información:
Rachel Morris
La guía para la familia monoparental
Edita: Pearson Educación, 2008

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