Las tareas académicas “queman” a los alumnos y pueden llegar a ser estresantes. Los estudiantes suelen decir “estoy quemado”. Es el llamado burn-out o burnout, también conocido como síndrome del “desgaste profesional”, del “trabajador desgastado y  consumido” o del “estrés académico”.

El estrés y el desconocimiento sobre cómo desarrollar y manejar la inteligencia emocional son asuntos que atañen a las madres solteras y a las madres solas; para ellas mismas y para sus hijos e hijas. Los niños, desde la infancia, se sienten agobiados por las tareas escolares. Si se desconoce el modo de administrar las exigencias de padres y profesores, más las que se añade el propio alumno, éste puede caer en trastornos psicológicos y físicos derivados de la presión a la cual se ve sometido a diario.

Aunque en el presente artículo se trate del estrés del alumnado universitario, hay que estar alerta a las distintas etapas educativas de los hijos.

Una baja inteligencia emocional está relacionada con una menor cantidad y calidad de las relaciones interpersonales dentro y fuera del aula.

Una baja inteligencia emocional está relacionada con una menor cantidad y calidad de las relaciones interpersonales dentro y fuera del aula.

El síndrome de “quemado”

“Aunque este síndrome se da mayormente en el ámbito laboral, cada vez más a menudo aparecen casos de burn-out en estudiantes. Los afectados suelen ser personas que se esfuerzan excesivamente en sus estudios o que se sienten “agobiados” en las temporadas de exámenes. Esto suele ocurrir cuando al estudiante le cuesta mucho trabajo entender y memorizar las cosas, y por ello tiene que esforzarse más de lo normal. Si el síndrome se prolonga, el afectado suele abandonar los estudios y padecer depresión”.

“A los propios síntomas del estrés a nivel corporal, se suman múltiples molestias: insomnio, dolor de cabeza, mareos, dolores musculares, trastornos digestivos, infecciones, manchas o afecciones en la piel, trastornos respiratorios y circulatorios o digestivos (variaciones en el peso)”, leemos en Wikipedia.

Un estudio universitario

Un estudio realizado a 373 estudiantes de las universidades de Huelva y Málaga analizó la relación entre la inteligencia emocional (IE) y el grado en que el estudiante está «quemado» en sus estudios.

La cumplimentación del cuestionario se llevo a cabo en una época de estrés generalizado: entre 10 y 15 días antes del inicio del período de exámenes de la convocatoria de febrero.

Expresiones que delatan un alto burnout académico:

•    «Estoy emocionalmente “agotado” por hacer esta carrera».
•    «Me he vuelto más cínico respecto a la utilidad de mis estudios».
•    «Creo que contribuyo efectivamente durante las clases en la universidad» (creencia de eficacia académica).

Expresiones de estado psicológico positivo:

•    «Puedo seguir estudiando durante largos períodos de tiempo».
•    «Mi carrera es retadora para mí».
•    «El tiempo “pasa volando” cuando realizo mis tareas como estudiante».

Diferencias en función del género

Las estudiantes indicaron mayores niveles de atención a sus emociones que sus compañeros varones.

En cambio, ellos tuvieron puntuaciones más altas para reparar sus estados emocionales.

Se entiende por reparación o manejo emocional la creencia de la persona en su capacidad para interrumpir estados emocionales negativos y prolongar los positivos. Constituye, pues, una de las dimensiones de la inteligencia emocional, al proporcionar bienestar y salud mental.

La mayor tendencia de las mujeres a atender a sus emociones, junto con la menor capacidad de reparación, podrían explicar en parte sus puntuaciones más elevadas en estrés percibido, cuando se las compara con sus compañeros varones. Es decir, la mujer percibe antes, o toma conciencia con mayor antelación que el hombre, frente a las situaciones de estrés.

En general, los estudiantes que puntuaban más alto en reparación emocional mostraron mayores niveles de vigor, dedicación, absorción y eficacia académica y menores niveles en agotamiento, cinismo y estrés percibido.

Relaciones entre inteligencia emocional y rendimiento académico

“A la luz de los resultados arrojados por este estudio, es posible plantear la hipótesis de que los alumnos con mayores niveles de IE muestren a lo largo del curso menores sentimientos de agotamiento, cinismo y estrés y mayores actitudes positivas hacia sus tareas (mayores niveles de vigor, dedicación y absorción), efectos positivos que podrían a su vez explicar parcialmente la relación positiva y significativa corroborada en los estudios longitudinales que vinculan IE y rendimiento escolar.”

Es evidente que el estrés académico no tiene que afrontarlo el alumno o la alumna desde una perspectiva únicamente individual. La organización del centro y del sistema educativo tiene sus responsabilidades; existen numerosos estresores ajenos al estudiante, fuera de su control, que pueden convertirse en verdaderos obstáculos. Por ello, además de formar al alumnado en el manejo de la inteligencia emocional, debe existir un compromiso institucional para paliar el estrés de los estudiantes.

¿En qué sentido participa la institución universitaria en la disminución del estrés estudiantil? Su apoyo resulta esencial para dar al estudiante los recursos imprescindibles  que le permitan hacer frente a las demandas que su formación plantea. Hay que modificar los aspectos estresantes de las organizaciones educativas y de los sistemas de enseñanza actuales. “La Declaración de la Sorbona (1998) y, especialmente, la Declaración de Bolonia (1999) han perfilado las bases de la construcción de un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) cuyo horizonte temporal del 2010 aspira a alcanzar un marco educativo caracterizado por los principios de calidad, movilidad, diversidad y competitividad.”

“La puesta en marcha de estas nuevas ideas vinculadas a la educación universitaria constituyen experiencias organizacionales de cambio en la concepción de la actividad de docentes y estudiantes, y pueden por ello conllevar un marcado incremento del nivel de exigencia, del grado de incertidumbre y, en definitiva, del estrés tanto para el profesorado como para el alumnado.


“Los problemas de adaptación al mundo universitario, el conflicto o sobrecarga de su papel debido a la concentración de prácticas y exámenes, la metodología docente, y la falta de información o la ambigüedad acerca de lo que se espera de él, durante y después de sus estudios universitarios, son obstáculos comunes que pueden favorecer el burnout académico, tanto en los planes de estudio actuales como en la experiencia piloto europea.”

“La mayor parte de estas fuentes de estrés pueden ser paliadas o eliminadas por los gestores de la educación universitaria mejorando y ampliando los mecanismos de orientación y apoyo al estudiante, creando sistemas de evaluación alternativos y con una distribución más equilibrada durante el curso, perfeccionando la coordinación de programas y del profesorado, además de su formación y adaptación a las nuevas necesidades educativas, o promoviendo una mayor fluidez en la comunicación entre profesor y alumno.”

Potenciar la inteligencia emocional

Futuros diseños de intervención orientados a paliar las carencias del alumnado “deberían enfatizar especialmente el desarrollo de habilidades de regulación emocional para manejar el estrés, formando al alumnado en la aplicación de estrategias activas que le permitan invertir las emociones negativas, por ejemplo, mediante una reestructuración más positiva de la situación, llevando a cabo técnicas de relajación, planeando o imaginando algo agradable, recurriendo al apoyo social o generando perspectivas diferentes para entender los problemas diarios.”

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org